Reseña: O processo – La falla fiscal (FIDOCS 22)

Con sus 140 minutos, O processo tributa –con el material del que se hace lo real– una dignísima trama de poder, evidenciando la necesidad de construirle narrativas a los puntos ciegos que nos dejan las noticias de los hechos.


Obstinadamente se nos presentan durante O Processo planos continuos de la ciudad de Brasilia, ciudad capital, con sus largas explanadas panorámicas. A su directora, Maria Augusta Ramos, pareciera interesarle particularmente que nos detengamos con atención en esta urbanidad administrativa dotada de una particularidad inusual: Brasilia es una ciudad que, por decirlo de alguna manera, todavía muy joven. De hecho, no tiene más de 60 años. A contrapelo de las urbanizaciones que nos heredó la Colonia, la capital de Brasil fue construida con el propósito táctico y administrativo de descongestionar las costas del país. A cargo del arquitecto Oscar Niemeyer e implementado por el presidente Juscelino Kubitschek, Brasilia parece ser una ciudad innovadoramente equilibrada: es cosa de mirar los nombres correlativos de sus calles o la distribución secuencial y adyacente de sus Ministerios. Una ciudad como proyecto moderno: el referente de una manera de pensar el mundo. O proceso nunca se olvida de que Brasilia es una ciudad que se inventó para gobernar el país del cual es centro.

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En este sentido, la ubicuidad de la ciudad tal vez sintoniza con la atmósfera atiborrada y febril que adquiere su primer tramo, ese que se ocupa en documentar lo que durante su transcurso veremos fraguarse pausadamente pero con éxito. Porque no es demasiado terrible saber que el impeachment a Dilma Rouseff la destituye, sino que también debieran sobretodo importarnos las circunstancias que lo hicieron posible. La cámara  que sostiene la directora se cuela por todo el litigio, tal vez con el interés esclarecedor de documentar y de densificar un episodio del cual, al menos en Chile, nos llegaron sólo migajas desperdigadas. Esas que, por ejemplo, nos aparecen cuando los nociticieros nos presentan a los países entendidos desde los migrantes que escapan de sus fronteras. Un detalle que busca hacerse pasar por la fotografía total.

El esfuerzo de O processo, entonces, es conferir densidad, complejizar la trama del impeachment como si fuese necesario armarle una narrativa –un sentido, una intención, un ardid– a lo que sólo fue un titular del diario que envuelve el pescado.

Desde este posicionamiento explícito respecto de lo que la directora suscribe del episodio que refiere, el documental es una investigación contundente que es capaz de reflexionar no sólo sobre aquella intereses que se confunden con la síntesis amnésica de la destitución brasilera, sino que también piensa el impeachment mismo como parte de una trama estructural, a su juicio golpista, perversa y anticipada a un resultado que siempre se intuye inapelable. Recogiendo la inminencia de una derrota que puede perfectamente verse sostenida en un error fiscal: porque lo que importa no es tanto el error como la forma en que puede dársele un uso. Descalabro fiscal, tragedia bursátil o subsidio usurpado, la negligencia que termina excomulgando a Rousseff es un detalle que como cualquier suceso bien mirado, ilumina las condiciones que permitieron que pasara. Es el esfuerzo por atender a la trama por sobre el desenlace.

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Pero también el mérito está en situar un impersonal y burocrático impeachment en sujetos de carne y hueso: en los senadores que se encargan de articular una deslegitimación que visualizan artera y animosa, y también en los sujetos que, boicoteando desde las sombras, se coluden para ponerla en marcha. La directora es muy hábil en introducir la cámara en las salones legislativos y montar el material suficiente para que, entremedio de toda la complejidad kafkiana que aglutina el proceso, aparezcan héroes y villanos girando en torno a la conjura. Y desde esta humanidad, también, es posible identificar las vicisitudes que anticiparán el futuro: la manera de montar la idea de crisis como antesala al descalabro corrupto y la degradación moral que cierto salvador debe venir a resguardar. De una manera vehemente y quizá no tan subrepticia, O processo habla de 2018 mucho más allá de que filme a Jair Bolsonaro en 2016, en directo desde su escaño representativo, restregándole a la mandataria su tortura.

Entonces, con sus 140 minutos, O processo tributa –con el material del que se hace lo real– una dignísima trama de poder, evidenciando la necesidad de construirle narrativas a los puntos ciegos que nos dejan las noticias de los hechos. En ese sentido, entretiene e impresiona más allá de su pretexto, por la contundencia de su mensaje y la franqueza del posicionamiento que admite, para sí, reivindicar. Tal vez nunca habrá demasiado problema cuando el interés de una posición enunciativa se hace tan explícita.

Ahora bien, hay una desesperanza muy sombría en su mensaje final, pero también cierta dignidad resuelta en la asunción tal vez estoica ante la adversidad más extrema: porque la destitución es un complot pero también una decisión democrática administrativamente irrevocable. En ese sentido, el futuro es esperanza, pero también –como refiere desde el estrado un diputado defensor– a veces lamentablemente se hace polvo: como cuando erróneamente nos importan o nos recordamos o nos quedamos con los hechos consumados más que con las estructuras que los pensaron.

O processo entiende eso, y acelera a contrapelo.

Reseña de O processo

O processo (2018, 140 mins.) Maria Augusta Ramos, Brasil

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ClaudioSH
claudio.s.herrera@gmail.com

Claudio es psicólogo. Reparte su tiempo entre hacer clases, ver cine y lograr terminar un Magister. No se encuentra mucho en eso de ser cinéfilo. Ni menos, amante del cine: ve películas porque está acostumbrado, porque no es demasiado caro y porque, tal vez, fue lo único que se le ocurrió hacer con el poco tiempo que le queda disponible.

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