Reseña: El Infiltrado del KKKlan – Abrir la boca vs abrir los ojos

La primera vez que vi El Infiltrado del KKKlan fue durante el SANFIC 14 (Santiago Festival Internacional de Cine 2018). Durante esa semana, tuve una labor diaria con el festival que me permitió acceder a varios de los filmes que ahí se exhibieron, entre ellos, el último de Spike Lee. Menciono esto para recordarme y constatar que tuve un primer acercamiento con este filme muy distinto al que me lleva a escribir esta reseña. El cansancio laboral, las horas en el cuerpo, las películas en la cabeza, creo que moldearon en mí una perspectiva muy poco favorable hacia este filme. Panfletario porque sí, pretencioso en su discurso, una historia sacada de la manga sólo con el fin de justificar su ensayo final.

Eso pensaba cuando salía de la sala de cine, cerrando mi jornada a eso de las 00:00 hrs. de un día de semana. Los que nos hemos sumado a los ritmos que dan los festivales de cine, sabemos bien que es bastante agotador seguirles el paso a todas las canciones que ahí suenan. Eso también afecta al juicio.

Toda esta justificación, válida o no para quien la lea, no es más que para demostrar que las películas (y muchas otras cosas en la vida) merecen una segunda pasada. Si quiere llamarlo “vuelta de chaqueta” es cosa suya. El caso es que El Infiltrado del KKKlan merece más de una mirada. Hay que verla.

Esta historia real, adaptación del libro BlacKKKlansman, relata cómo el primer policía afroamericano de Colorado Spring, en los 70s, logró acreditarse como miembro de la “organización” racista conocida como Ku Klux Klan con el apoyo de otros miembros del cuartel policial, incluido, un agente judío. El caso se llevó a cabo mediante una investigación donde el policía afroamericano Ron Stallworth (John David Washington) se relacionaba vía telefónica con miembros y hasta el presidente del KKK David Duke (Topher Grace), mientras que para cuestiones organizativas y reuniones sociales, el policía judío Flip Zimmerman (Adam Driver) asumió el rol de Ron en cuerpo y acto frente al Klan.

Si bien el argumento de esta historia, que encantó al director Spike Lee gracias al convencimiento de su amigo y productor del filme Jordan Peele, convence a primera vista, el poder está en sus pequeñas costuras y capas. Esas que me parecían antojadizas en el primer visionado.

El filme inicia con imágenes de “Lo que el viento se llevó”, esa obra colosal del cine clásico. Para luego pasar a una especie de video educativo donde un hombre blanco (Alec Baldwin) habla y mira a cámara para expresar su preocupación sobre el aumento de las demandas “negras” y cómo estas parecen apoderarse de la opinión política y social de la nación. Un inicio propagandístico (y divertido) de la comunidad blanca estadounidense. Con esto, desde el primer minuto, el director nos lanza su pregunta: ¿Por qué no hacer propaganda afroamericana si el cine blanco ya lo ha hecho? Esto se apoya cuando aparecen imágenes del filme The Birth of a Nation de D.W. Griffith (al inicio y hacia el clímax de la película) donde los “negros” son alcohólicos, violadores, flojos. Parásitos que los héroes vestidos de túnicas blancas logran eliminar.

El poder que tiene la imagen para expresar, no sólo las ideas, también la opinión, se ve cuando el director utiliza la representación afroamericana en el cine estadounidense. Ya visto en los inicios del cine con personajes simplones y ordinarios, también lo hace con la fantasía de los héroes policiales y “chulos” de la onda disco durante los 70s. Sexys, armados y frondosos de cabellera. Mostrar estos ejemplos no es más que un reflejo de la falta de símbolos reales para la comunidad afroamericana. Caballeros con frases correctas, con actos admirables y decisiones increíbles. Como los blancos los tienen con su género favorito: el western, donde todo lo que tenía un tinte más oscuro en la piel era un enemigo a combatir.

En El Infiltrado del KKKlan la guerra existe, pero no entre blancos y negros, sino que entre el discurso y el acto. Entre lo que se dice y se hace, o se ve. Hacia el final del filme, en una de las ejecuciones más clásicas del cine, pero no menos potente, vemos dos escenas en contraposición, en un versus monumental: David Duke, presidente del Ku Klux Klan, habla frente a los nuevos miembros de la organización, durante su iniciación, sobre el rol que deben cumplir por el bien de la nación, por la recuperación del bien que Dios les indicó en la Biblia y que gracias a su amigo, Premio Nobel de Medicina James Watson, era un hecho que la sangre que corre por sus venas, bajo la blanca piel que los protege, los hace una raza superior frente a los “oscuros”. Todo esto mientras en paralelo, en un casa atiborrada de jóvenes afroamericanos, un viejo activista (Harry Belafonte) sentado frente a todos ellos, cuenta la historia de Jesse Washington, un joven afroamericano con retraso mental que fue arrastrado por las calles, castrado y luego quemado ante cientos de personas, luego de ser acusado de violar y matar a una mujer blanca. Por un lado un discurso por la verdad, y por el otro, una historia para hacer un discurso. Ambos planteados, desde sus trincheras, como hechos, como verdades. Una con hechos más concretos que la otra.

“Es solo una película”, dice el protagonista mientras camina junto a su joven amiga cuando hablan sobre los negros en los filmes de la época. “Dale un respiro” le dice él, “no, nunca”, le responde ella.

Podemos estar de acuerdo o no con el uso del cine, del arte, de esto que tanto nos encanta o nos hace odiar, para un fin discursivo o derechamente panfletario. Podemos hablar de la corrección política, de la representación cultural, de la apropiación cultural. De todo esto y más podemos decir algo, incluso de esta película; una opinión, un declaración, una reseña, una crítica, pero nada de eso es más potente que las imágenes que se nos exponen ante nuestros ojos y las ideas que se forman en nuestra cabeza. Eso es un hecho, eso es el acto. Spike Lee lo sabe, lo ha sabido desde un principio, al repetirnos una y otra vez una frase que es el acto mismo de ver y pensar: WAKE UP.

Ficha.

Dirección: Spike Lee.

Guion: Spike Lee, Kevin Willmott, David Rabinowitz, Charlie Wachtel (Libro: Ron Stallworth).

Música: Terence Blanchard.

Fotografía: Chayse Irvin.

Reparto: John David Washington, Adam Driver, Topher Grace, Laura Harrier, Ryan Eggold,Corey Hawkins, Robert John Burke, Paul Walter Hauser, Craig muMs Grant,Michael J. Burg, Chris Banks, Tom Stratford, Jasper Pääkkönen, Ashlie Atkinson,Ken Garito, Alec Baldwin.

Alejandro Aravena
aaravena.ale@gmail.com

Publicista porque quería hacer comerciales ya que era lo más cerca a hacer cine, sin estudiarlo y morir de hambre.

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