Reseña: A star is born – La fama nunca aburre

Una posible puerta de entrada a A star is born es estimar de qué manera la envolvente atracción del personaje Gaga hace justicia (o no) a una historia que también puede ser eficaz en armar una narrativa novedosa sobre el ascenso y los pormenores de toda trayectoria artística.

En un momento decisivo, introspectivo y decididamente anticipatorio, ambos protagónicos de A star is born –Ally (Stefani Joanne Angelina Germanotta, alias Lady Gaga) y Jack (Bradley Cooper)– coinciden en la azotea de un edificio que les otorga, a ambos, una vista panorámica de la ciudad que visitan. Juntos, intercambian un par de palabras en la previa de una presentación muy importante. De hecho, la escena es básicamente el monólogo que un personaje le dirige al otro.

Mientras tanto, en una de las esquinas, y nada disimulada, se revela una gigantografía con el rostro metamorfoseado de Ally, a propósito de la campaña publicitaria del material discográfico que hace un tiempo ella lanzó. La cantante, agobiada por lo abrumadora que puede resultar la envergadura de una imagen publicitaria que se agranda con el paso del tiempo, escucha una especie de arenga motivacional proferida por Jack, que alude a la “necesidad que tiene el artista de tener algo que decir”. Y de dejar el alma en ello. El consejero, Jack, mantiene una carrera consolidada pero últimamente intermitente, que se contrapone a la fugaz y muy incipiente trayectoria de su contraparte. Esta circunstancia, convengamos, hace menos grosero el mansplaining que dicho diálogo podría dejar en evidencia.

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Además, en esa interacción entre ambos personajes, no deja de ser intertextualmente revelador que Ally, la cantante en ciernes, además, sea interpretada por una artista que ha vendido más de treinta millones de discos y que tenga –por hacer un ejercicio simple– más de mil millones de visitas en un single cualquiera con su nombre en YouTube (sin ir más lejos, el tema central de la película bordea los doscientos veinte).

En definitiva, en esta escena –y tal vez en la película completa– Lady Gaga es confrontada sin ambivalencias con el peso mediático de su propia figura.

Este punto no es menor, y quizá explique parte del interés que tiene adaptar esta película por tercera vez: para profundizar en los matices de una historia que todo el tiempo se proyecta en la sombra de su sorpresivo protagónico. Del mismo modo en que, décadas atrás, Barbra Streisand ponía a reconstruir su propia figura en la versión de 1976.

Por lo tanto, una posible puerta de entrada a A star is born es estimar de qué manera la envolvente atracción del personaje Gaga hace justicia (o no) a una historia que también puede ser eficaz en armar una narrativa novedosa sobre el ascenso y los pormenores de toda trayectoria artística. Y de cómo, en este caso puntual, resulta posible, para una persona de carne y hueso y sin ropajes estrambóticos, lidiar con su estatus público. Preocupación que Ally enuncia a través de una interpelación hacia Jack en algo así como la quinta escena: ¿No te molesta que la gente te pregunte cosas de tu vida personal?

lady-gaga-in-a-star-is-born-1528361395Ahora bien, el protagónico con el que comienza la historia no es ella sino él: Jackson Maine, un cantante trasnochado de voz rasposa, canas en la barba, un gorro vaquero que pocas veces se quita, un hermano-manager que le cubre las espaldas (Sam Elliott), y una fisonomía musical que podría tener algo de Bruce Springsteen, pero que también nos recuerda a una versión juvenil del Jeff Bridges de Crazy Heart (2009), otra parábola sobre los constreñimientos y claroscuros de la vida bajo el escenario. En ese sentido, Maine –notoriamente atribulado por el propio peso de su historia– también tiene una vida pública, preguntas y fracturas propias dentro de la película. Las cuales funcionan en la medida que todo ese desparpajo bohemio nos ayuda, junto con él, a descubrir casi por casualidad el talento escondido de la artista desconocida que yace en un bar transformista cantando en francés. Metida en ese personaje que simula ser Édith Piaf, Lady Gaga, figura imponente pero desprovista de su habitual estridencia iconoclasta, da vida a una Ally casual, muy digna y a veces sorprendente, que es la versión humanizada y offstage que nunca le hemos visto al personaje que la cantante se encargó de diseminar ante la opinión pública. Tal vez, es la versión de ella misma que le faltaba. Por eso A star is born, en ese caso, nunca se olvida que su historia también construye el ascenso de la propia Lady Gaga. Y ahí es interesante ver esta versión corriente de una mujer que sueña con comerse el mundo, una mujer como cualquiera que espera estoicamente el llamado de la fama. A ratos, Cooper (que actúa pero también dirige) se las arregla con ensamblar una historia contada bastantes veces, pero que no defrauda porque también es capaz de dar a conocer un punto de vista personal que refresca la historia de dos personajes que viven, muy para su pesar, a cuesta del público.

La puesta en escena, los planos en los momentos estelares de concierto y las secuencias de grabación en el estudio están filmadas con gracia y cierto naturalismo, tal vez porque es interesante para nosotros enterarnos que los artistas de hecho cantan las canciones que les escuchamos en un lugar lleno de instrumentos y aparatos con perillas, que al final se encargan de procesarlas y diseminarlas por el mundo. Hay un estilo trabajado, que comienza a despegar de todo convencionalismo narrativo. En ese sentido, Cooper no destella pero sí tiene mucho oficio. Lo cual es más que suficiente para sostener una historia en su propia estampa interpretativa como actor a partir de un personaje un poco displicente pero que conecta con la figura de una Lady Gaga a la que, como las canciones grabadas en estudio, tal vez no imaginábamos levantándose en las mañanas a desayunar con jugo de naranja. Y ahí tal vez la magia que a veces destila la película tenga que ver con el uso que la cantante hace de la oportunidad que se le ofrece para mostrar otra faceta de su camaleónica figura: Lady Gaga como personaje público que también es capaz de vestirse de artista emergente y persona común y silvestre.

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Más allá de todo el conflicto central que sostiene el desarrollo de la trama, la dupla funciona porque está filmada con tino, porque se debe tener simpatía, porque confía en los méritos de sus propias carreras paralelas, y porque tal vez dosifica el sensibleo que películas de otros géneros podrían desbordar sin pudor. Además, la historia del artista golpeado por un destino miserable o precarizado por pasados familiares turbulentos tiene interés en sí mismo por mucho que todas las semanas nos la cuenten, con distintos tonos, en las noticias del showbusiness. En cierto sentido, quizá nuestra propia sed de historias es una razón suficiente para desear saber una y otra vez de las vidas de artistas maltrechos pero fulgurantes, figuras danzantes pero frágiles. Aquello que todos somos pero que nos complacimos, insaciables, de ver una y otra vez.

Reseña de A star is born (Nace una estrella)

A star is born (Nace una estrella) (2018, 134 mins.) Bradley Cooper, Estados Unidos
Lady Gaga, Bradley Cooper, Sam Elliott, Dave Chappelle, Michael Harney

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Por

ClaudioSH
ClaudioSHEditor y director
Claudio Herrera es psicólogo. Reparte su tiempo entre hacer clases, ver cine y lograr terminar un Magister. Le interesan mucho las películas de países a los cuales siempre es caro –e improbable- encontrar vuelos directos. Aunque también valora en su justa medida a todo lo que pueda verse en multisalas acompañado de bebidas extra grandes o nachos con queso. No se encuentra mucho en eso de ser cinéfilo. Ni menos, amante del cine: ve películas porque está acostumbrado, porque no es demasiado caro y porque, tal vez, fue lo único que se le ocurrió hacer con el poco tiempo que le queda libre.


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