Reseña: Amantes por un día – El amor, lo que no sabemos.

Después de salir de El Biógrafo, Alejandro invitó a su amiga a tomar un café y hablar sobre lo que pensaban y sentían acerca de la película que vieron: “Amantes por un día” de Philippe Garrel. Entre actualizaciones de sus propias vidas, cappuccinos y cigarros, Alejandro y su amiga tenían una duda constante en relación al filme. En especial, con sus personajes: qué hacer en esas situaciones. 

La última entrega de Garrel relata la relación que se forja entre Gilles, un profesor de filosofía; su joven novia y alumna, Ariane, que vive con él; y la hija de este, Jeanne, que llega a vivir con ellos tras romper con su novio. Intentos de suicidio, un pasado vergonzoso, sexo consensuado y no, son los elementos que decoran la relación de estos personajes. 

Y aunque esta tríada comparte el mismo terreno físico, la relación más estrecha se compone entre Ariane y Jeanne. Se vuelven aliadas en una especie de guerra, batalla que cada personaje de Garrel, tanto aquí como en sus anteriores filmes, lidia consigo mismo por algo que no tiene una definición clara: el amor. Estas chicas, además de compartir una edad similar, las une la confidencialidad por cuidar sus pequeños secretos. Sí, cuidarlos del padre y novio. Al final de cuentas, ambas están ahí por él y no quieren destruir esa fortificación que las cobija.

—Es que a mí me ha pasado eso —dice la amiga de Alejandro cuando hablan de la relación entre el profesor y su hija—. Pero no sabí bien qué hacer —cierra—.

La indefinición del amor, la pasión, la fidelidad o infidelidad, son aristas que Garrel ha venido trabajando constantemente en los filmes que anteceden a “Amantes por un día”: “A la sombra de las mujeres” (2015) y “Celos” (2013). Filmes con los mismos elementos visuales (blanco y negro), y también uno que funciona como guía para su relato, el narrador omnisciente. ¿Por qué este narrador?

—Yo igual me he visto en esas. También he dicho que si me engañan, no importa, no necesito saberlo. Mientras nos cuidemos, física y emocionalmente y queramos estar juntos, lo demás no importa —dice Alejandro a su amiga cuando recuerdan la escena en que el profesor habla con su novia sobre la infidelidad después que que esta regresa de acostarse con otro hombre—. 

—Pero también hay que estar ahí, en esa situación. Una cosa es decirlo, pensarlo, y otra es verlo y actuar de la misma forma —reflexiona Alejandro al recordar la escena del profesor encontrando a su novia gimiendo contra la pared del baño de un restaurant en brazos de un joven sin polera—.

—No sé, no sé qué haría —dice Alejandro, mirando el cenicero.

La función del narrador omnisciente en “Amantes por un día” es el guía turístico de las situaciones, sensaciones y pensamientos de los personajes. En muchos momentos no saben por qué hacen lo que hacen, por qué sienten lo que sienten y esta voz nos da la mano para seguirlos. No empatizar o justificarlos, simplemente, entenderlos.

—Es que no es lo mismo ver esta película estando en pareja y soltero —dice la amiga de Alejandro, dándose cuenta que los personajes que antes odiaba, ahora los entiende.

Porque Garrel no nos está definiendo nada. Está ahí con su cámara, como un vehículo pasando por la ciudad queriendo mostrar que el amor es no saber. Un arte sin colores claros. Muy errático, porque es lo que sostiene las relaciones, porque es lo que nos vuelve humanos, o somos humanos por esos errores.

—Al final, es un ciclo. Errores forzados y otros que no. Causas y efectos. Cuando nos enfrentamos a una persona sabemos qué nos puede pasar, pero también no —dice Alejandro antes de pedir la cuenta.

—Y ahora, ¿qué hacemos? —dice la amiga.

—Caminemos, no sé —dice Alejandro—. Ahí vemos.

Ficha.

DirecciónPhilippe Garrel.

GuiónJean-Claude Carrière, Caroline Deruas-Garrel, Philippe Garrel, Arlette Langmann

MúsicaJean-Louis Aubert

FotografíaRenato Berta (B&W)

RepartoÉric Caravaca, Esther Garrel, Louise Chevillotte, Laetitia Spigarelli.

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Por

AleAravena
AleAravenaEditor y director
Publicista porque quería hacer comerciales ya que era lo más cerca a hacer cine, sin estudiarlo y morir de hambre (según su vieja). Se hizo cargo de las ideas y reflexiones que tenía viendo películas y decidió estudiar un diplomado de Teoría y Crítica de Cine. De ahí, todo lo que ha pasado lo tiene aquí, fluyendo.


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