Reseña: Mirai, mi pequeña hermana – Lo que soñamos

Mamoru Hosoda, creador de todas estas historias y de la recién estrenada Mirai, ha creado una filmografía a partir de una idea: a través de la fantasía, de lo “mágico”, conecta con esos anhelos, conscientes e inconscientes, más propios de lo humano.


“Cómo sería si me ganara el Kino, ¿qué haría?”. Ese juego de ficción que todos hemos realizado en algún momento, es un trance en el que entramos para solucionar nuestra vida. Aunque sea en la fantasía. A pesar de que es una posibilidad real (los juegos de azar), el acto de imaginar que nos entregan un cheque gigante de miles de millones de pesos, es una imagen fantástica.

La pensamos quienes vivimos del trabajo para vivir (perdón la filosofía de cuneta). A los que nos sobra el mes al final del sueldo y los que nos acompañamos de la nostalgia como amiga inseparable del día a día. Imaginar que “algo” nos ayuda a cambiar lo que es, lo que fue o sería en un futuro próximo, es hermoso.

pelicuas de mamoru hosoda

En La Chica que saltaba a través del tiempo (2006), una adolescente puede volver en el tiempo para arreglar cosas que hizo y que no alcanzó a realizar. En Summer Wars (2009), un joven puede demostrar que es el indicado para ser aceptado en una familia gracias a sus habilidades para derrotar a un monstruo cibernético. Wolf Children (2012), en tanto, muestra a una madre que tiene que enfrentar la maternidad de sus hijos-lobos y la vida que ellos quieren llevar. Y El niño y la bestia (2015) es la historia de crecimiento y aprendizaje de un niño humano y el hombre-bestia que lo adopta.

Mamoru Hosoda, creador de todas estas historias y de la recién estrenada Mirai, ha creado una filmografía a partir de una idea: a través de la fantasía, de lo “mágico”, conecta con esos anhelos, conscientes e inconscientes, más propios de lo humano. Ganarse el Kino, en diferentes etapas de la vida.

¿Qué se “gana” en Mirai, mi pequeña hermana?

Kun, protagonista de Mirai no Mirai.

Kun es un niño de 4 años. Vive con sus padres y un perro. El pequeño pasa sus días, después del jardín, jugando con sus trenes al interior de la casa, diseñada en diferentes niveles (el padre es un arquitecto freelance) y que al centro posee un patio interior con un árbol a cielo abierto.

Todo en la vida de Kun cambia con la llegada de Mirai, su hermana recién nacida que revoluciona el sistema de la casa: tanto la madre como el padre se vuelcan en atención y cuidados hacia la pequeña, dejando de lado al pequeño, el que deja bien en claro sus celos por la falta de atención, haciendo pataletas y lloriqueos cada vez que puede. Pero una visita le cambia el panorama. Kun se vuelve a topar con su hermana Mirai, pero ahora es una joven pre-adolescente que aparece en el patio de la casa para reclamarle que cuide mejor de “ella misma”.

De ahí en adelante, Kun comienza un viaje fantástico junto a su hermana pequeña-versión futura, al que se suma el perro de la casa en versión humana y trayectos al pasado de la familia.

A medida que avanza la historia, Kun realiza exploraciones, tanto al pasado de su madre (cuando ésta era una niña) como al de su padre (conoce al abuelo de éste). Estos viajes en el tiempo ayudan a Kun para entender el momento que está viviendo, su presente y el futuro. Pero esto puede verse no sólo como una guía para la lectura familiar; también puede hacerse para una visión de la humanidad. Nuestro camino en la tierra, en la historia y la relación que hemos tenido con los demás, específicamente con los animales. Los “príncipes que estaban aquí de antes”. Si ya viste la película, lo recordarás.

Esta relación con los animales puede verse como una idea un tanto naturalista, donde compartimos el mismo hogar y somos parte de una misma familia. Pero más allá de nuestra “postura”, Hosoda no quiere entregar un mensaje, un panfleto o mostrar una bandera. Sólo relata lo que está, lo que ve.

kun y su pequeña hermana

Hay elementos importantes en Mirai, mi pequeña hermana que acentúan los tópicos que Hosoda ha venido pavimentando. La familia, las emociones, las relaciones, la intimidad. Dentro de esta historia, dos cosas son claves para estos elementos: la casa y el árbol. Mientras que la casa es donde habita todo, literalmente, desde los personajes reales hasta la fantasía de Kun, construida en niveles poco convencionales, pero funcionales para el relato, al centro de ésta, o sea, en el equilibrio, está el árbol; el oráculo que revela toda la fantasía.

El árbol contiene todo: es la columna de la historia familiar, sus raíces nos dicen de dónde vienen y hacia dónde van. A través de él, Kun aprende todo. Desde las hojas que se van con el viento hasta las raíces que le enseñan el pasado.

kun mirando por la ventana de un tren

A medida que los viajes de Kun se vuelven más fantásticos, Hosoda vuelve a uno de sus elementos recurrentes en sus anteriores filmes: lo virtual.

En uno de sus viajes, el pequeño aparece en una estación central a la que llegan trenes de diferentes lugares. Extraviado, sin saber a dónde dirigirse y sin encontrar a su hermana que lo había acompañado a todas, Kun busca ayuda en un pixeleado personaje que atiende el centro de informaciones. Kun no sabe el nombre ni de su madre ni de su padre, por lo que no hay cómo ayudarlo y es derivado a la estación donde pasa el tren de los niños perdidos.

El tren aparece como el miedo, la pesadilla de cualquier persona cuando se está “perdida”, cuando nos extraviamos de nuestra propia existencia. Es ahí cuando la moraleja se hace más latente, cuando la idea de saber de dónde venimos para saber lo que somos es más notoria. Pero no sólo de la historia. Es aquí donde, creo que Hosoda, se desnuda ante nosotros para confirmarnos lo que ya todos le hemos dicho: el heredero de Hayao Miyasaki.

Porque esas mujeres fuertes, con temperamento, como es la madre de Kun, esos paisajes a través de aviones y trayectos en motocicletas en el pasado, y los trenes como medios de tránsito, ya los hemos visto antes. Las raíces, el álbum familiar de Mamoru Hosoda.

Aprender del presente es más fácil cuando se conoce el pasado. Eso es Mirai, mi pequeña hermana. Eso es Hosoda y ese es el Kino que nos gustaría ganar. Creo que aún se le da mucho mejor la emoción, lo cotidiano, lo familiar, que la épica en lo virtual o digital, pero si necesita de esos recursos para crear obras como ésta, que siga. Que sus raíces son fuertes y este árbol tiene mucho por crecer.

Alejandro Aravena
aaravena.ale@gmail.com

Publicista porque quería hacer comerciales ya que era lo más cerca a hacer cine, sin estudiarlo y morir de hambre.

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