Sound of metal – A mí señal

Con el correr de la historia, Sound of Metal comienza a construir un relato zen-auditivo: la edición de sonido nos inserta en la cabeza de Ruben, para así, comprender la falta de audición, el eco distante, la sonoridad de la voces, o sea, cómo es que las cosas empiezan a sonar ahora. Y ese sonido es distante, alejado del protagonista, para que así comience a encontrar, en el silencio, lo que acallaba con drogas.

De frente a su compañera de banda, Lou, baquetas en la mano y sentado en la batería, Ruben espera entrar en la canción. Luego de un par de cantos, gritos y distorsiones en la guitarra de ella, él comienza a tocar. Entra en el ritmo.

El protagonista de Sound of Metal, Ruben (Riz Ahmed) es el baterista de Backgammon, binomio punk metal junto a Lou (Olivia Cooke), su pareja arriba y fuera del escenario. Entre tocatas y trayectos por ciudades de EE.UU. algo interfiere, súbitamente, en la vida del batero: la pérdida, casi completa, de su audición. De un día para otro. De ahí, sólo hay un par de caminos claros, una operación carísima de implantes que podrían, sin asegurar completa efectividad, recuperar sus oídos, y así seguir como tocando, en gira y prontos a sacar un disco, irónicamente, haciendo oídos sordos a su nueva condición; o bien internarse en un centro de rehabilitación para comenzar a vivir como una persona sin audición.

La decisión que toma, difícil para alguien que hacía de su vida el depender del sonido, sumerge a Ruben en el trabajo de lidiar con sus ansiedades, miedos y fantasmas, como alguien que llevaba 4 años sin consumir heroína. El mismo tiempo que ha estado junto a Lou.

¿Y cómo es, cómo se ve y se siente la pérdida de un sentido que te ayuda a vivir? Ahí es donde entra una de las grandes notas que entrega la película dirigida por Darius Marder: contar con calma y cercanía la angustia, además de los síntomas de abstinencia fuera de los clichés. Y, claramente, la actuación de Riz Ahmed que sostiene el personaje a lo largo de 2 horas de filme.

Con el correr de la historia, Sound of Metal comienza a construir un relato zen-auditivo: la edición de sonido nos inserta en la cabeza del protagonista, para así, comprender su falta de audición, el eco distante, la decadente sonoridad de la voces, o sea, cómo es que las cosas empiezan a sonar ahora. Y ese sonido es lejano a Ruben, para que así comience a encontrar, en el silencio, lo que acallaba con drogas.

También puede leerse a Sound of Metal como un llamado a disminuir el ruido del mundo, a dejar de prestar atención a las alarmas, notificaciones y alertas externas que nos dicen qué, cómo y cuándo movernos, para comenzar a escuchar la voz interior, o quizás ninguna y sólo dejar que nos envuelva el enorme silencio que no queremos oír.

Durante uno de los pasajes de la película, Ruben debe permanecer en un cuarto por una hora. En ese espacio sólo hay una silla, una mesa, papel, lápiz y una ventana por donde mirar hacia un campo. A diferencia de cuando estaba frente a su batería, ahora es él quien decide cuando entrar en el ritmo.  

AleAravena

Publicista porque quería hacer comerciales ya que era lo más cerca a hacer cine, sin estudiarlo y morir de hambre.