Reseña: Viudas (Widows) – Muerto el perro

Revisitando una miniserie de hace 30 años atrás, compone en Viudas un fresco de género ágil aunque tal vez repetitivo en relación a los tópicos que inspiran el año 2018. Lo que sí lo redime viene a ser la innovación en el modo como articula ciertas preocupaciones.


Hay un asunto que en Viudas salta a la vista en cada secuencia que uno esté dispuesto a mirar con relativa profundidad. En efecto, no puede pasar inadvertida la esmerada paciencia que tiene la película en articular cromáticamente su puesta en escena. A propósito de la elección –que sentimos deliberada– de una actriz que además de sobresaliente, también resulta vistosa. Viola Davis, además de encarnar un personaje estoico, grácil y expresivo, es un arquetipo que adquiere una perspectiva sugestiva precisamente en su modo de integrar unos usos solemnes pero nunca recargados, a la lucidez contenida de su gestualidad maltrecha. No es casual, en ese sentido, que el prólogo de la película sea tan contundente como fugaz: nada menos que ella, junto a su marido, caucásico y acaudalado, aparecen, recostados y pegados, comiéndose las bocas.

Ahora bien, el  filme tampoco es sólo destreza en la riqueza expresiva de su paleta de colores, o en la manera que tiene de recurrir a ellos para construir fotogénicamente su propuesta, sino que también importa –y más bien curiosamente si es que se toman en cuenta las credenciales fílmicas de su director– ahora que se vuelca al cine de género. En este caso el heist, artefacto narrativo prolífico en politiqueo, asaltos, robos, y cierta astucia maquiavélica para perpetrarlos sin miramientos. Lo interesante –pese a que en esta época del año con las temáticas que han abordado sucesivas películas, tal vez no tanto– es que quienes van a orientar el sentido de la trama son las mujeres a las que un robo frustrado convierte en viudas.

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Resulta irónico que la condición de viudez tenga que ver necesariamente con el deceso de la pareja, porque en cierto sentido la interrupción de ese vínculo es razón suficiente para acabar simbólicamente con él. Quien enviuda puede considerar que el otro sigue siendo pareja, pero, para efectos sociales, el cambio de estado del ahora-muerto también se genera en quien permanece. Estamos unidos hasta que la muerte, literalmente, nos separa. En definitiva, dicha destitución es narrativamente necesaria para sugerir un cambio paradigmático en torno al género mismo del filme.

De todas maneras, la viudez de la protagonista, más allá de tenerla atravesando un duelo atávico –o tal vez a propósito de lo mismo– la despierta a consumar el trabajo que quedó inconcluso. Porque la herencia del marido también sobreviene con una deuda sin seguro de gravamen. Por lo tanto, esta toma de testimonio puede perfectamente sintonizar con las reivindicaciones de la época, los estertores residuales patriarcales o las convenciones del mismo género, pero pecaría de oportunista si sólo le pareciese suficiente generar tal saludo a la bandera. Más allá de que podamos valorar el posicionamiento explícito que alguien pueda realizar –porque sincera lo que algunas veces sólo intuimos por los retazos que aparecen en sus obras– el gesto político se vacía de contenido si sólo se contenta con ser enunciado. Hace unos meses lo demostró Spike Lee cuando, en BlaKkKlansman (2018) lo hace tan explícito que rompe, distanciadoramente, la historia que nos cuenta. Por su parte, quien nos ocupa, Steve McQueen –al que le vimos un ejercicio semejante en 12 Años de Esclavitud (2003)– construye alternativas temáticas de visionado. Buenas y no tanto.

Revisitando una miniserie de hace 30 años atrás, compone en Viudas un fresco de género ágil aunque tal vez repetitivo en relación a los tópicos que inspiran el año 2018. Lo que sí lo redime viene a ser la innovación en el modo como articula ciertas preocupaciones.

A propósito del atraco y de su planificación –cuestión siempre entretenida que acá tampoco defrauda– Viola Davis y compañía también trazan una aproximación más sociológica no sólo del conglomerado de mujeres que componen el grupo a cargo del robo, sino también de aquello que está sistemáticamente oculto en las páginas rojas. Las mujeres, sujetos multirraciales y socialmente cargados con expectativas de roles y funciones sociales, construyen, en el pretexto del atraco que buscan acometer, una composición étnica interesante en la medida que devela cierto costumbrismo novedoso  que nos presenta usos domésticos, desventuras sociodemográficas y contextos laborales. Algo así como la exposición de sus categorías raciales, de clase y de género aderezadas por la forma cómo cada una las vivencia. Sin ser capaz del todo de salir de cierto esquematismo, McQueen se acerca a una subjetividad demasiado supervisada por las claves del género, convención que lo obliga a cortar y montar cuando en otro contexto podríamos haber conocido más del drama interior de cada una de los personajes. Cuestión que aparece más o menos clarificada en obras cumbres como Heat (1995) o correctas como The Town (2010).

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Cuestión que no sucede con su protagónico, acaso el más logrado de todo su elenco. Y no sólo porque conozcamos más de él –de hecho, tal vez es de quien menos anclado parece a las determinaciones sociales impuestas– sino por la composición enigmática y envolvente de su tránsito cotidiano. Fuera de todo, Viola Davis es la confirmación indiscutible del poder del puro gesto como fuerza enunciativa. Y es ahí cuando McQueen, para bien o para mal, y tal vez esclavo de las películas del género que lo antecedieron, nos emparenta a este protagónico con un heroico victorioso e incombustible digno de Bruce Willis. En ese sentido, tal vez se empantana al emparentarlos demasiado. Porque quizá no es necesario –aunque si comprensible– asemejar a la mujer protagónica con una suerte de vengativa penitente, sino que, a efectos de la trama, el personaje en cuestión tiene y ostenta su propio peso dramático sin precisar de comparaciones.

Más alla de todo esto, Widows es un retrato efectivo y atrapante sobre un atraco que actualiza las convenciones del género a propósito de las demandas raciales y de género que tanto hemos necesitado hacer visible. Pero que, en definitiva, esconde sus muchos méritos tras ello, porque justamente cuando mejor sintonizan es cuando idealmente todas estas reivindicaciones aparecen mejor cuando están vedadas tras el ropaje de su heroína trágica.

Reseña de Viudas

Viudas (Widows) (2018, 128 mins.) Steve McQueen, Estados Unidos
Viola Davis, Michelle Rodriguez, Liam Neeson, Robert Duvall, Elizabeth Debicki

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Por

ClaudioSH
ClaudioSHEditor y director
Claudio Herrera es psicólogo. Reparte su tiempo entre hacer clases, ver cine y lograr terminar un Magister. Le interesan mucho las películas de países a los cuales siempre es caro –e improbable- encontrar vuelos directos. Aunque también valora en su justa medida a todo lo que pueda verse en multisalas acompañado de bebidas extra grandes o nachos con queso. No se encuentra mucho en eso de ser cinéfilo. Ni menos, amante del cine: ve películas porque está acostumbrado, porque no es demasiado caro y porque, tal vez, fue lo único que se le ocurrió hacer con el poco tiempo que le queda libre.


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