Rese̱a: John Wick 3: Parabellum РSer y parecer

Dale a John Wick un pasillo con espejos y cuchillos en las estanterías, y te dará un espectáculo de sangre y baile más alucinante que cualquier superhéroe proveniente de algún multiverso.


En su primer fin de semana de estreno, John Wick 3 – Parabellum le planta cara a la monumental Avengers: Endgame y, como John Snow ante su reina Daenerys en el final de Game of Thrones, le clava el cuchillo de la “justicia” y saca a los súperheroes del trono taquillero.

Si usted, querido, querida, queride lector, piensa que me estoy aprovechando de la contingencia en el párrafo anterior para una especie de “clickbait”, puede que tenga razón. Pero ¿de qué mejor manera se puede hablar de un blockbuster como este sino es comparándolo con sus pares en cine y televisión? No hablé de Cannes porque no estoy allá.

Estamos viviendo tiempos donde cada semana presenciamos “la mejor escena de acción de todos los tiempos”, “la mejor serie de la historia de la televisión” y tantas frases absolutistas que parecen renegar los más de 100 años de historia cinematográfica. Ahí es donde es llamativo, dentro de todos los recursos delirantes de John Wick, que se le dedique un homenaje, aunque sea por unos segundos, a la memoria del celuloide. Específicamente, a uno de los personajes más importantes en la historia del cine: Buster Keaton.

John Wick y Buster Keaton

John (Keanu Reeves), acompañado de su perro, corre por las calles de una lluviosa New York. Mientras piensa y busca dónde refugiarse de la inminente cacería en su contra, por parte de los asesinos que quieren cobrar los miles de millones por su cabeza, una de las cientos de pantallas que decoran la gran manzana proyecta a un Buster Keaton sentado en la punta de un tren que avanza hacia la pantalla. En el plano, tanto John como Buster comparten el mismo porcentaje de encuadre.

Este pequeño, pero significante reconocimiento del director Chad Stahelski ya lo había realizado en John Wick 2, con menos segundajes y no tan explícito. Pero es que, al parecer, había que hacerlo. Es un invitación para el mundo, a descubrir los cimientos de todo lo que vemos hoy en la gran pantalla o la que tienes en tu mano mientras lees esto.

Existe gran cantidad de análisis del cine silente, y demás está decir el impacto cultural de uno de sus representantes, pero la figura de Keaton quizás no ha tenido las luces que se mereció, pero sí es innegable su aporte a grandes realizadores de hoy, como Wes Anderson, entre otros. Si hay unos que le deben mucho al hombre de cara triste, son los realizadores dedicados al cine de acción. Keaton hablaba de que las escenas debían hacerse en la primera toma, el chiste debe verse lo más natural y real posible, y eso lo han tomado muy bien grandes filmes de acción (la reciente Misión Imposible, por ejemplo) y como ya lo es esta franquicia de John Wick.

Los combates cuerpo a cuerpo, además de ser tratados cinematográficamente como una danza moderna, cuando son realizados por sus protagonistas y no sus dobles de cuerpo, se ven y se siente reales, lo que provoca en el espectador la verosimilitud de lo que se aprecia. Es cosa de ver los detrás de cámara del loquillo Tom Cruise o el mismo Keanu Reeves entrenando en los campos de tiro.

La filosofía de la comedia física de Keaton, que luego tomasen grandes del arte marcial como Jackie Chan, es comprendida de mejor manera en los más aplaudidos filmes de acción: son y parecen reales, generan esa inocente pregunta de “¿cómo hicieron eso?” que ni se asoma en películas donde los escenarios y secuencias sobrecargadas al fondo verde terminan en el género de la fantasía.

Dale a John Wick un pasillo con espejos y cuchillos en las estanterías, y te dará un espectáculo de sangre y baile más alucinante que cualquier superhéroe proveniente de algún multiverso.

Alejandro Aravena
aaravena.ale@gmail.com

Publicista porque quería hacer comerciales ya que era lo más cerca a hacer cine, sin estudiarlo y morir de hambre.

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